Un festival en su plenitud
Juan Miguel Gutiérrez

Para cuando estas líneas vean la luz habrán pasado ya bastantes días desde que el Festival de Cine cerró sus puertas, renuncio, por lo tanto, a hacer un balance detallado de lo que ha dado de sí esta edición limitándome a enunciar el deseo que el excelente nivel mostrado en las películas que se han podido ver extienda su influencia a las pantallas de las ciudades y pueblos de Euskal Herria durante la estación cinematográfica que se inicia.

Los rectores del certamen repiten una y otra vez que un Festival es un, en el mejor sentido de la palabra, "cajón de sastre" en el que, dentro de un nivel de calidad reconocido, cada cinéfilo pueda encontrar "su" película, aquella que le aporte algo nuevo en el cada vez más estandarizado mundo de la industria cinematográfica con proyección comercial. Hoy en día no es un secreto para nadie reconocer que fuera de este marco privilegiado es prácticamente imposible ver películas que escapen a los planes de las grandes compañías de distribución. Queda fuera de nuestro conocimiento, por consiguiente, el cine experimental, el políticamente arriesgado o el estéticamente experimental, por no citar más que algunas categorías de cualquier obra creativa.

El cinéfilo, en principio, no participa en la carrera de los premios consciente de la futilidad que para él puede tener este repetido juego de "lotería" que el tiempo y la historia devuelven a su lugar con crueldad. Estas líneas no van a perseguir desmontar, denostando o alabando, el veredicto del jurado, sino comentar lo que para mí, un enamorado del cine como tantos otros, con sus fobias y filias, ha supuesto la cosecha de este año.

Mikio Naruse

Para la mayoría de los aficionados la gran sorpresa ha sido el descubrimiento de Mikio Naruse, cineasta japonés prácticamente desconocido en Europa y que, como hemos podido comprobar, mantiene un nivel de calidad comparable a los grandes maestros de la cinematografía de aquel país: Ozu Mizoguchi; Kurosawa... Con el visionado de la obra de este "nuevo valor" queda bien claro que el tratamiento de cualquier tema, por local y exclusivo que pueda parecer, reviste caracteres de universalidad que trascienden espacio, tiempo y especificidad cultural, con tal que sea abordado con profundidad y verdad. Los pequeños o grandes problemas de la mujer japonesa de nuestros días, especialidad de los sencillos melodramas de Naruse son comprendidos y estimados por los europeos de hoy. Otro descubrimiento al contemplar su extensa obra es la constatación de la existencia de códigos expresivo-narrativos diferentes a los establecidos por la estética, cuando no ética del cine realizado en Hollywood.

Consciente de la necesidad de elegir me fijaré únicamente en unos pocos títulos, los mejores de esta edición desde mi punto de vista. La posibilidad de recuperarlos en distribución comercial aún sin ser extremadamente alta no se encuentra totalmente cerrada, a través de cine-clubs, casas de cultura, etc.

Películas presentadas

Resulta verdaderamente estimulante el reencuentro con el gran cineasta Bernardo Bertolucci después del largo período de desorientación que jalonaron sus últimas obras. En la humilde "El asedio" compone un retrato emocionante del nacimiento de un amor basado en el respeto y la generosidad: Dos solitarios, de origen y mentalidad contrapuesta acercan sus personas el uno al otro hasta que surja el amor y lo que el amor trae consigo de placer y dolor. El lenguaje cineasta italiano es potente, preciso, lleno de sugerencias. Sus opciones estilísticas adquieren un toque moderno, inusual en él, que sabe integrar, sin embargo, en su propio estilo solemne y elegante. Prescindiendo casi totalmente de las palabras cuenta su historia basándose en la riqueza de las imágenes y en una banda sonora singularmente rica y variada.

En esta misma estela de cine de calidad "Gods and Monsters" de Bill Condon es una apasionante mirada sobre lo últimos días de la vida del genial cineasta James Wahle y la imperiosa necesidad que experimenta de realizar el último acto creativo de su vida en un momento en que sus posibilidades autorales se ven severamente disminuidas por la decadencia física y la marginación social. Tejiendo una sutil e impecable tela de araña conseguirá crear de nuevo, para el amor y la muerte, el personaje del monstruo que le dió fama: La criatura del doctor Frankenstein. Obra académica, hecha de pasiones contenidas, transporta en su interior todo el torbellino fascinante de la compleja personalidad del autor cuyos últimos días relata.

"Central do Brasil" de Walter Salles se enmarca en el cine brasileño más comprometido, el heredero de los pioneros del Cinema Novo de los años 60 y 70. Un cine que conecta con inteligencia y sensibilidad con los problemas del brasileño de la calle, poniendo el dedo en la llaga sobre la situación de, en este caso, los niños de la calle y del egoísmo de los mayores. Convencido de la dificultad de buscar soluciones a los desbordantes problemas sociales del brasil urbano el autor busca las únicas soluciones en la solidaridad, la vuelta a los valores del campo y, en lo que actitud como cineasta se refiere, en un cine hecho con el corazón y encarnado en la realidad social y estética del país.

"La vendedora de rosas" del colombiano Víctor Gaviria supone una mirada aún más descarnada que la de Walter Salles ya que la descripción de los niños de la Calle de los barrios marginados de Medellín se cierra en sí misma, en el inmenso fatalismo de una situación sin salida ni escapatoria. Si Salles proponía una solución a los problemas de sus personajes, Gaviria les ofrece su simpatía como único telón de fondo en un acercamiento lleno de verdad y cariño hacia ellos. Como en el paso precedente, resulta particularmente sugerentes la opción de los autores hacia la elección de actores no profesionales (los niños), sacados directamente de la situación que viven y representan.

"Barrio" del español Fernando León de Aranoa es asímismo una mirada a la realidad de un barrio marginal de Madrid que, producida por Elías Querejeta entroca con el deseo de este productor de no alejarse de la realidad social que se vive en el país. El gran mérito del realizador ha sido el de conectar con el universo de la calle, reflejar sus decorados, maneras de hablar, sintonizar con su música, sus ilusiones, sus personas. Un documento reconstruído, fiel a la realidad, reflejo de una España marginal en este fin de milenio.

En esta misma línea, las francesas "La vida soñada de los ángeles" de Erick Zonca y " En el lugar del corazón" de Robert Gueridian, la iraní "Don" de Abolfazi Jalill o la América "La ciudad" de David Riker, cuentan la difícil trayectoria vital de los jóvenes en el mundo de hoy sea cual sea el país del que procedan: personas sin trabajo, rodeadas de racismo, marginación que no encontrarán ninguna salida excepto aquella, escasa pero inestimable, que les ofrece la solidaridad, bien sea de los suyos, amigos, familia, bien sea de los de su misma clase social.

"La eternidad y un día" confirma la obra más madura hasta la fecha de la coherente carrera del cineasta griego Teo Angelopoulos, una reflexión sobre la muerte y la creación efectuada con el habitual estilo pausado y envolvente del autor. Contado en clave autobiográfica es una declaración de principios ético y estéticos en los que reivindica su papel de creador de imágenes, palabras y sonidos. El trabajo del poeta es el único que podrá transcender la contingencia del ser humano proyectándolo hacia o hasta la eternidad.

Si bien las cintas citadas precedentemente son estimables y permanecerán largo tiempo en mi recuerdo, me gustaría citar para concluir esta crónica la mayor sorpresa de este Festival: "Peces en agosto" del japonés Yoichiro Takahashi, sugerente y extraña cinta que intenta entrar en la personalidad de un adolescente tímido encerrado en la tópica "edad del armario". El protagonismo vive un verano de vacaciones escolares, de gestos repetidos y aburridos, atento a los pequeños detalles que tal vez hagan que su vida experimenta un cambio. Mientras tanto, símbolo del difícil tránsito vital que sufre, se sumerge en la fascinación del agua, en claro simbolismo del útero materno o el lugar donde la vida protegida, rodeada de líquido caliente proporciona paz y sosiego. Película hipnótica, de difícil visión en un festival por lo exigente de sus propuestas, pero la más sugerente e innovadora de la edición de este año: ¿Buen año sin duda?



Juan Miguel Gutiérrez, realizador de cine y presidente de la Sección de Cinematografía de Eusko Ikaskuntza
 


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